PERFILES: Capitán de Fragata Adriana Torres Castañeda - Coordinadora Grupo de Planeación de la Dirección General Marítima de Colombia
Con 20 años de experiencia en planeación estratégica, gestión de procesos y desarrollo institucional, la Capitán de Fragata Adriana Torres Castañeda ha desarrollado una sólida trayectoria en el ámbito naval y marítimo, desde su trabajo en la Dirección General Marítima (DIMAR).

Convencida de que las organizaciones deben aprender, adaptarse y anticiparse para responder a un entorno cada vez más complejo, en esta entrevista analiza el futuro de las autoridades marítimas en América Latina, el impacto de la transformación digital, la inteligencia artificial y la interoperabilidad, y los desafíos de transformar procesos y culturas organizacionales. También reflexiona sobre la condición bioceánica de Colombia y las oportunidades que ofrece para fortalecer su integración con las cadenas logísticas regionales y globales. Una mirada estratégica sobre cómo prepararse hoy para el escenario marítimo de mañana.
1. Has dedicado buena parte de tu carrera a diseñar planes estratégicos con horizontes de largo plazo, como el PED 2042 de DIMAR y el Plan Naval al 2042. En un sector donde las urgencias operativas suelen dominar la agenda, ¿cómo logra una organización sostener una visión de largo plazo sin perder capacidad de respuesta en el presente?
La Planeación Estratégica ha evolucionado, hoy es un proceso dinámico de anticipación, seguimiento y aprendizaje. Atrás quedaron los ejercicios estáticos y los documentos secretos.
En una organización como Dirección General Marítima, la visión de largo plazo permite establecer un rumbo común y orientar las capacidades institucionales hacia el cumplimiento de la misión. Pero esa visión debe traducirse en objetivos y resultados que puedan medirse en el corto, mediano y largo plazo. El verdadero reto está en mantener ese vínculo permanentemente.
Por eso, las urgencias operativas no deben verse como una interrupción de la estrategia. Son información para la estrategia: muestran dónde están las brechas, qué capacidades debemos fortalecer y qué oportunidades de mejora aparecen en el camino.
Una autoridad marítima moderna tiene que ser capaz de atender con oportunidad el presente, pero al mismo tiempo preguntarse qué necesita transformar hoy para estar preparada para el escenario marítimo de mañana. Esa combinación entre ejecución y anticipación es la que permite que la organización mantenga el rumbo sin perder capacidad de respuesta.
2. Desde tu experiencia en la Dirección General Marítima, ¿cómo imaginás que evolucionará el rol de las autoridades marítimas en América Latina durante los próximos veinte años? ¿Qué capacidades nuevas deberán desarrollar para acompañar la transformación del comercio y la logística?
La evolución de las autoridades marítimas estará estrechamente ligada a la transformación tecnológica, a los cambios en la geopolítica y a la creciente complejidad de las cadenas logísticas. Desde la vigilancia estratégica que desarrollamos en DIMAR, identificamos tendencias que muestran que la autoridad marítima del futuro tendrá que ser cada vez más interoperable, basada en información y capaz de anticipar riesgos.
La interoperabilidad, el uso inteligente de los datos, la transformación digital y la ciberseguridad serán capacidades fundamentales. Pero no se trata únicamente de incorporar tecnología: se trata de lograr que la información fluya de manera oportuna entre los actores que participan en la actividad marítima y que esa información se convierta en mejores decisiones.
Esta evolución además está alineada con el desarrollo del sector. La OMI aprobó en marzo de 2026 su Estrategia sobre Digitalización Marítima, orientada a promover la interoperabilidad, la estandarización de sistemas, el intercambio y la gobernanza efectiva de los datos. También ha reforzado la importancia de proteger digitalmente las Ventanillas Únicas Marítimas, como herramientas de facilitación.
Para América Latina, esto representa una oportunidad. Las autoridades marítimas pueden pasar de un modelo predominantemente reactivo a uno más anticipatorio, conectado y basado en evidencia, contribuyendo a que el comercio sea más seguro, eficiente y resiliente.
3. Tu formación reciente en innovación y emprendimiento se suma a una sólida trayectoria en planeamiento estratégico. ¿Qué tecnologías o modelos de gestión consideras que tendrán un mayor impacto sobre la competitividad del sector marítimo-portuario, y cuáles crees que todavía están siendo subestimados?
Más que hablar de una tecnología específica, el gran cambio estará en la capacidad de las organizaciones para integrar tecnología, información y gestión. La vigilancia estratégica que realizamos en la Dirección General Marítima - DIMAR nos permite identificar tendencias asociadas a la cuarta revolución industrial y entender cómo pueden impactar en el sector marítimo-portuario, sobre todo en los temas de facilitación y agilización de trámites.
La analítica de datos, la inteligencia artificial, la interoperabilidad de plataformas y la automatización tienen un enorme potencial para mejorar la toma de decisiones, anticipar riesgos y hacer más eficientes los procesos. Sin embargo, hay un elemento que puede estar siendo subestimado: la transformación cultural que debe acompañar la transformación tecnológica.
La competitividad no se logra simplemente digitalizando un trámite o incorporando una herramienta. Se logra cuando las personas, los procesos, la información y la tecnología trabajan de manera integrada para producir mejores resultados.
Por eso, el modelo de gestión del futuro tendrá que ser más ágil, colaborativo y orientado a datos, sin perder de vista algo esencial para una autoridad marítima: la seguridad, la protección de la vida humana en el mar, la protección del medio marino y la facilitación de un comercio marítimo eficiente.
4. Colombia tiene una condición bioceánica que representa una oportunidad estratégica. Desde tu experiencia en planeación, ¿qué oportunidades ves para que los puertos y el sistema marítimo colombiano fortalezcan su integración con las cadenas logísticas regionales y globales?
La condición bioceánica de Colombia debe entenderse como una ventaja estratégica que requiere capacidades igualmente estratégicas. Tener acceso al Caribe y al Pacífico nos conecta con mercados, rutas y cadenas logísticas de enorme importancia, pero la geografía por sí sola no garantiza competitividad.
El reto está en articular infraestructura, información, servicios, seguridad y facilitación para que el sistema marítimo funcione como un verdadero ecosistema. En este escenario, la autoridad marítima tiene un papel fundamental: generar confianza, asegurar condiciones de navegación y contribuir a que los procesos asociados al arribo, permanencia y salida de los buques sean cada vez más eficientes.
La transformación digital es una de las herramientas para lograrlo. La OMI ha impulsado las Ventanillas Únicas Marítimas como mecanismo para centralizar e intercambiar información y reducir cargas administrativas. La evolución reciente de la OMI hacia la interoperabilidad, la gobernanza de datos y la ciberseguridad muestra hacia dónde se dirige el sector.
Para Colombia, esto significa que la competitividad portuaria debe pensarse más allá de la infraestructura física. También debemos fortalecer la capacidad institucional, la calidad de la información, la coordinación entre actores y la resiliencia del sistema. Allí existe una gran oportunidad para consolidarnos como un país marítimo mejor integrado a las cadenas regionales y globales.
5. Una de tus tareas de los últimos años ha sido actualizar y rediseñar el mapa de procesos de DIMAR, integrando 39 procesos en 13. Más allá del resultado técnico, ¿cuál es el mayor desafío cuando se busca transformar la cultura de una organización para hacerla más eficiente y preparada para el cambio?
El mayor desafío para el equipo de trabajo que lideramos esta actualización, no está en dibujar un nuevo mapa de procesos; está en lograr que las personas comprendan por qué es necesario cambiar y se apropien de una nueva manera de trabajar.
Cuando una organización simplifica e integra sus procesos, no solamente está modificando procedimientos. Está revisando la forma en que las áreas se relacionan, cómo se toman decisiones, cómo circula la información y cómo cada persona entiende su aporte al cumplimiento de la misión.
Por eso, una transformación institucional requiere liderazgo, comunicación, participación y capacidad para gestionar el cambio. Simplificar no significa perder control; significa eliminar aquello que no agrega valor y fortalecer aquello que sí contribuye al resultado.
En la Dirección General Marítima- DIMAR, estos ejercicios responden al liderazgo y el direccionamiento estratégico de la alta dirección, buscando la eficiencia institucional definida como la capacidad para prestar mejores servicios, tomar mejores decisiones y responder con mayor oportunidad a las necesidades del sector marítimo y del país.
Mejorar los procesos implica evolucionar la manera de trabajar, pero el verdadero cambio cultural ocurre cuando esa evolución se incorpora a la forma de pensar, decidir y actuar de la organización, convirtiéndose en una capacidad permanente.
6. Has desarrollado tu carrera en instituciones tradicionalmente vinculadas al ámbito naval y marítimo, donde históricamente la presencia femenina ha sido menor. Desde tu experiencia, ¿qué valor diferencial pueden aportar hoy las mujeres a la conducción estratégica del sector marítimo-portuario y qué cambios observás respecto de cuando comenzaste tu carrera?
Considero que el valor diferencial está en la capacidad de integrar perspectivas y construir una visión amplia de los problemas. En el direccionamiento estratégico, esa visión integral permite reconocer que los desafíos del sector marítimo no son solamente técnicos u operativos: también involucran personas, instituciones, economía, tecnología, sostenibilidad y cooperación.
He visto un cambio significativo desde el inicio de mi carrera. La participación de oficiales femeninas hoy es mucho mayor y está presente en los diferentes niveles y procesos de la organización: estratégicos, misionales y de apoyo. En DIMAR y en la Armada Nacional encontramos mujeres desempeñando cargos con responsabilidades de liderazgo y contribuyendo desde diferentes especialidades al cumplimiento de la misión y la construcción de nuestro país marítimo.
Para mí, lo más importante es que esta evolución no debe verse como la excepción. La participación de las mujeres ya hace parte de la transformación institucional del sector marítimo colombiano.
Una autoridad marítima preparada para el futuro necesita talento diverso, capacidades complementarias y diferentes formas de interpretar los desafíos. La inclusión, en ese sentido, no es solamente un asunto de representación: también fortalece la capacidad de las organizaciones para comprender mejor su entorno, innovar y tomar decisiones más completas.